El libro da cuenta de la historia de las agrupaciones navales que durante la Guerra Civil operaron en el Cantábrico en defensa de la legalidad republicana. En primer lugar, actuó la Marina de Guerra Republicana, que en septiembre de 1936 organizó las Fuerzas Navales del Norte, transformadas al mes siguiente en Fuerzas Navales del Cantábrico. En segundo lugar, las fuerzas movilizadas por las delegaciones marítimas de Asturias y Santander para el rastreo de minas, que no se incorporaron a las Fuerzas Navales del Cantábrico hasta agosto de 1937. Y, en tercer lugar, la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi, creada en octubre de 1936 por el Gobierno Vasco para ayudar a la Marina de Guerra Republicana, aunque las circunstancias políticas y militares condujeron a que esta fuerza adquiriera una autonomía orgánica y operativa absoluta.
La caída del norte republicano a lo largo de 1937 condujo a la mayoría de los buques a Francia. Sólo dos submarinos y un grupo de lanchas consiguieron pasar al Mediterráneo, pero fueron también muchos los tripulantes del resto de embarcaciones que regresaron a territorio republicano para continuar la lucha. Para todos ellos vino después la represión o el exilio (para algunos, una nueva guerra) y, en el mejor de los casos, el retorno a su actividad profesional, generalmente en condiciones extremadamente difíciles.